jueves, 21 de noviembre de 2013
jueves, 17 de octubre de 2013
Y me dejé llevar por el Príncipe azul
Dos de mis amigos celebraran su cumpleaños esa misma noche. No tenía muchas ganas de salir, pero si de verle. Me arreglé, aunque no mucho, y bajé a murcia. Cuando llegué le llamé y estuve hablando con él mientras caminaba. "¿Vas tú sola por ahí?"
Esa fue una de las frases que me sorprendió. Casi año y medio caminando sola por todas partes, y resultó que ahora era valiente por eso.
No recuerdo si me dijo dónde estaba, pero si que tomaba copas y que le dijese dónde estaría para ir a buscarme.
Cuando llegué al local, la cerveza que mis amigos habían comprado se había acabado y no tardaron mucho en irse de ahí. Le mandé un mensaje y le dije que me iba de aquel sitio y esperé una respuesta que no llegó. Cogí mi blazer y salimos de allí.
Estábamos en la puerta decidiendo qué hacer cuando de repente, alguien me agarra de la cintura, me gira y me besa. Ahí estaba mi príncipe azul. A, tan oportuno como siempre.
Iba acompañado, aunque para ser sincera, no recuerdo por quién.
En el revoloteo de la salida, me había equivocado de chaqueta. Le comenté lo que pasaba y que una amiga había entrado a buscarla. Pero él, loco perdido como parecía estar, me cogió del brazo y me metió de nuevo en aquel pequeño bar del que había salido.
-Es imposible entrar ahí, está a tope. No se puede andar.
Me miró con esos ojos pardos, traviesos, seguros y tentadores, me cogió de la mano y bailando, consiguió que llegásemos hasta el final de aquel sitio. Encontramos mi blazer, hicimos fotos a un grupo de chicos y salimos.
Mis amigos parecían estar decididos a comprar más cerveza y parar en algún sitio a bebérsela, pero la verdad, es que no me fui con ellos. A me cogió y me llevó lejos. "Vamos a un sitio tranquilo donde podamos hablar".
Por el camino nos besábamos una y otra vez. Veía cómo poco a poco mi pintalabios rojo se iba difuminando por sus labios, su barbilla, su cuello.. Qué extraña sensación de seguridad y miedo al mismo tiempo. Por una parte, le acababa de conocer y a saber qué tipo de hombre era. Por otra, parecía todo tan perfecto, que no podía no dejarme llevar.
Acabamos sentados en un banco en medio de "La Plaza de Santo Domingo". Comenzó a hablarme de él, de su padre. Me dijo su nombre completo, me preguntó el mío. Me dijo mi fecha de nacimiento, le pregunté la suya. Divagamos, reímos, nos besamos. Y pasé frío, mucho frío, salvo aquellos momentos en los que él se acercaba y mi cuerpo parecía arder.
"Voy a presentarte a un grupo de gente muy especial". Me dijo algo más, aunque no me explicó qué les hacía especiales. Me lo pintó todo tan... "raro", que durante unos minutos estaba asustada pensando que estaba metido en alguna extraña secta. Luego resultó que no, que tan sólo eran un grupo de amigos muy simpáticos que también bromearon sobre nuestras caras manchadas de carmín. Aunque, lejos de las bromas, una de sus amigas nos recomendó un remedio casero para limpiar en la medida de lo posible nuestras caras.
Un rato después, volvimos con el grupo, justo al local en el que en la puerta, la noche anterior, había intentado venderme un beso. Nos seguimos besando. Le presenté a mis amigos, quienes no pararon de bromear sobre nuestras caras difuminadas de rojo. Y cuando el sitio estaba a punto de cerrar, un baile y una canción susurrada al oído "La flaca".
Cuando nos quedamos solos, seguimos paseando. Paramos en un puesto de churros. También el churrero hizo alusión a nuestros rostros. Sí, lo reconozco, no elegí el día para pintarme los labios de ese color. Aunque, que un churrero de un puesto ambulante, ría y bromee acerca de los besos que te has dado, lejos de parecer una ofensa, ha quedado en mi memoria como una anécdota única.
De aquel camino recuerdo frases como "no voy a pensar que eres una foca por comer churros", respuesta de A ante mi negativa a meterme al cuerpo aquella masa a esas horas de la madrugada;
o el gesto de dar los churros que quedaban a aquel hombre vagando por la calle; o la original pregunta de "¿alguna ETS que deba conocer?".
Aquella noche A consiguió meterse en mi coche, acostarse sobre mí, elevar mi temperatura, alterar mis pulsaciones y deshacer mi cuerpo sin llegar a tocarme. Tan solo el peso de su cuerpo, su respiración, sus besos y su mirada hacían que me derritiese por dentro. Tanto, que tuve que pedirle que parara. Tanto, que deseé resistirme para que cuando aquello que deseaba ocurriese, se convirtiera en un recuerdo único e inolvidable del que jamás pudiese arrepentirme.
Y sí, ocurrió. Pero os lo contaré más adelante...
Esa fue una de las frases que me sorprendió. Casi año y medio caminando sola por todas partes, y resultó que ahora era valiente por eso.
No recuerdo si me dijo dónde estaba, pero si que tomaba copas y que le dijese dónde estaría para ir a buscarme.
Cuando llegué al local, la cerveza que mis amigos habían comprado se había acabado y no tardaron mucho en irse de ahí. Le mandé un mensaje y le dije que me iba de aquel sitio y esperé una respuesta que no llegó. Cogí mi blazer y salimos de allí.
Estábamos en la puerta decidiendo qué hacer cuando de repente, alguien me agarra de la cintura, me gira y me besa. Ahí estaba mi príncipe azul. A, tan oportuno como siempre.
Iba acompañado, aunque para ser sincera, no recuerdo por quién.
En el revoloteo de la salida, me había equivocado de chaqueta. Le comenté lo que pasaba y que una amiga había entrado a buscarla. Pero él, loco perdido como parecía estar, me cogió del brazo y me metió de nuevo en aquel pequeño bar del que había salido.
-Es imposible entrar ahí, está a tope. No se puede andar.
Me miró con esos ojos pardos, traviesos, seguros y tentadores, me cogió de la mano y bailando, consiguió que llegásemos hasta el final de aquel sitio. Encontramos mi blazer, hicimos fotos a un grupo de chicos y salimos.
Mis amigos parecían estar decididos a comprar más cerveza y parar en algún sitio a bebérsela, pero la verdad, es que no me fui con ellos. A me cogió y me llevó lejos. "Vamos a un sitio tranquilo donde podamos hablar".
Por el camino nos besábamos una y otra vez. Veía cómo poco a poco mi pintalabios rojo se iba difuminando por sus labios, su barbilla, su cuello.. Qué extraña sensación de seguridad y miedo al mismo tiempo. Por una parte, le acababa de conocer y a saber qué tipo de hombre era. Por otra, parecía todo tan perfecto, que no podía no dejarme llevar.
Acabamos sentados en un banco en medio de "La Plaza de Santo Domingo". Comenzó a hablarme de él, de su padre. Me dijo su nombre completo, me preguntó el mío. Me dijo mi fecha de nacimiento, le pregunté la suya. Divagamos, reímos, nos besamos. Y pasé frío, mucho frío, salvo aquellos momentos en los que él se acercaba y mi cuerpo parecía arder.
"Voy a presentarte a un grupo de gente muy especial". Me dijo algo más, aunque no me explicó qué les hacía especiales. Me lo pintó todo tan... "raro", que durante unos minutos estaba asustada pensando que estaba metido en alguna extraña secta. Luego resultó que no, que tan sólo eran un grupo de amigos muy simpáticos que también bromearon sobre nuestras caras manchadas de carmín. Aunque, lejos de las bromas, una de sus amigas nos recomendó un remedio casero para limpiar en la medida de lo posible nuestras caras.
Un rato después, volvimos con el grupo, justo al local en el que en la puerta, la noche anterior, había intentado venderme un beso. Nos seguimos besando. Le presenté a mis amigos, quienes no pararon de bromear sobre nuestras caras difuminadas de rojo. Y cuando el sitio estaba a punto de cerrar, un baile y una canción susurrada al oído "La flaca".
Cuando nos quedamos solos, seguimos paseando. Paramos en un puesto de churros. También el churrero hizo alusión a nuestros rostros. Sí, lo reconozco, no elegí el día para pintarme los labios de ese color. Aunque, que un churrero de un puesto ambulante, ría y bromee acerca de los besos que te has dado, lejos de parecer una ofensa, ha quedado en mi memoria como una anécdota única.
De aquel camino recuerdo frases como "no voy a pensar que eres una foca por comer churros", respuesta de A ante mi negativa a meterme al cuerpo aquella masa a esas horas de la madrugada;
o el gesto de dar los churros que quedaban a aquel hombre vagando por la calle; o la original pregunta de "¿alguna ETS que deba conocer?".
Aquella noche A consiguió meterse en mi coche, acostarse sobre mí, elevar mi temperatura, alterar mis pulsaciones y deshacer mi cuerpo sin llegar a tocarme. Tan solo el peso de su cuerpo, su respiración, sus besos y su mirada hacían que me derritiese por dentro. Tanto, que tuve que pedirle que parara. Tanto, que deseé resistirme para que cuando aquello que deseaba ocurriese, se convirtiera en un recuerdo único e inolvidable del que jamás pudiese arrepentirme.
Y sí, ocurrió. Pero os lo contaré más adelante...
viernes, 11 de octubre de 2013
A las dos
Aquel sábado me levanté inquieta. Miraba ansiosa el móvil, ¿me llamará?
Cuando sonó me puse histérica, aún estaba dormida. Era del trabajo, ¿puedes venirte antes?
Me habría gustado contestar "no, no puedo entrar a las dos porque espero una llamada", pero en realidad dije "si, a las dos y cuarto estoy ahí, antes no me da tiempo".
Me monté en el coche, miré el reloj, las 13:59. ¿Llamará?
Me acomodé, me puse el cinturón y... ahí estaba. Tal y como había prometido, A llamaba a las dos (minuto arriba, minuto abajo). Me puse tan nerviosa que casi no me salía la voz del cuerpo. Sin embargo su voz sonaba tan sensual, tan segura, tan "te lo dije", que enseguida perdí el miedo. Le expliqué que no podía hablar con él, que tenía que irme a trabajar. Me preguntó si tenía descanso y quedamos en que hablaríamos en ese momento.
Creo que nunca he tenido tantas ganas de parar a descansar como aquella tarde. Imagino que serían las cuatro o las cinco, o tal vez la seis cuando paré, la verdad es que no lo recuerdo. Lo que si recuerdo es que le llamé y no contestó.
Su respuesta vino más tarde, por whatsapp. Me dijo que estaba trabajando y que no podía hablar. Imaginar mi chasco. En tan sólo unas horas ya se ha olvidado de que habíamos quedado en hablar.
Me preguntó acerca de mi trabajo, dónde estaba, que hacía, lo típico. Pero no llamó, escribió.
La tarde fue larguísima. Caja y más caja. Gente por todas partes y yo ahí, cobra que te cobra, repitiendo una y otra vez las mismas frases. Llevaba una camiseta roja y un pañuelo también rojo. Y no paraba de dar vueltas al plantón telefónico que me había dado A.
La tarde se estaba acabando. Parecía que la cola había desaparecido, tan sólo una pareja y un par de chicos estaban esperando. Los chicos hablaban entre ellos y miraban hacia el fondo. Uno más bajito y otro alto, con camisa roja a cuadros.
El chico de cuadros se gira, zapato en mano y me mira. Ahí estaba, sin avisar. Me puse tan nerviosa que casi no sabía que estaba haciendo. Notaba cómo mis mejillas empezaban a arder. "No te he visto entrar" le dije. No se me ocurrió nada más ingenioso la verdad, no podía pensar. Miré su carné y su tarjeta sin leer ni el nombre. Al final, conseguí articular palabra para preguntar si salía esa noche, y de paso, decirle que también yo saldría.
Cuando A se fue pedí a mi compañera que me sustituyera. Entré al almacén, me mojé la cara y durante la hora y pico que me quedaba, sonreí cómo si me hubiesen encajado la mandíbula. Estaba alucinada, sorprendida y feliz.
lunes, 23 de septiembre de 2013
Aún había más
En el curso normal de mi vida, me habría ido y ahí habría quedado todo, en un "te llamaré". Pero para mi asombro, aún había más por vivir.
Volví donde estaban mi hermana y mis amigos. Como no, ella estaba enfadada por haberme ido a besar a aquel chico, había hecho lo de siempre (según ella, claro está). Se despidió enfadada de mí, y se fue.
Al salir, tan sólo éramos cuatro. Jorge, Naty, Noelia y yo. Nos organizamos para irnos a Mariano Rojas (una zona de tascas), y en ese tiempo, A salió de la discoteca.
Seré sincera, no recuerdo exactamente el momento, ni cómo me moví, ni qué dije. Recuerdo que su amigo estaba hablando con Noelia, y que mientras, yo estaba abrazada a él, apoyada en un coche. Le besaba y le miraba con miedo. Me gustaba, me gustaba mucho. Era extraño pero me sentía tan cómoda abraza a él...
Cuando el miedo me había invadido, atiné a decir aquello que siempre pensaba pero que callaba para mí. Le pregunté si realmente me llamaría, si no sería un rollo más de tantos. Era casi una súplica, un "si vas a hacerme daño, déjalo, ya he sufrido bastante". Y fue ahí cuando mi Gentleman, con su voz sensual y su intensa mirada me dijo que me llamaría al día siguiente, es más, me preguntó a qué hora quería que me llamase.
"A las dos. ¿Seguro que me llamarás? - Si".
Me fui de allí como si me hubiesen regalado un trozo de cielo. Y eso que tan sólo era la promesa de un extraño al que acaba de conocer. Un extraño que me había regalado sus besos. Un extraño que me hacía sentir segura entre sus brazos y temerosa en su mirada.
¡Oh! Qué noche...qué fiesta sorpresa..qué recuerdos..
¿Queréis una anécdota curiosa? Esa noche A no fue el único en besarme. Esa noche, una extraña me robó un beso sin darme cuenta. Aunque esa, ya es otra historia...
Volví donde estaban mi hermana y mis amigos. Como no, ella estaba enfadada por haberme ido a besar a aquel chico, había hecho lo de siempre (según ella, claro está). Se despidió enfadada de mí, y se fue.
Al salir, tan sólo éramos cuatro. Jorge, Naty, Noelia y yo. Nos organizamos para irnos a Mariano Rojas (una zona de tascas), y en ese tiempo, A salió de la discoteca.
Seré sincera, no recuerdo exactamente el momento, ni cómo me moví, ni qué dije. Recuerdo que su amigo estaba hablando con Noelia, y que mientras, yo estaba abrazada a él, apoyada en un coche. Le besaba y le miraba con miedo. Me gustaba, me gustaba mucho. Era extraño pero me sentía tan cómoda abraza a él...
Cuando el miedo me había invadido, atiné a decir aquello que siempre pensaba pero que callaba para mí. Le pregunté si realmente me llamaría, si no sería un rollo más de tantos. Era casi una súplica, un "si vas a hacerme daño, déjalo, ya he sufrido bastante". Y fue ahí cuando mi Gentleman, con su voz sensual y su intensa mirada me dijo que me llamaría al día siguiente, es más, me preguntó a qué hora quería que me llamase.
"A las dos. ¿Seguro que me llamarás? - Si".
Me fui de allí como si me hubiesen regalado un trozo de cielo. Y eso que tan sólo era la promesa de un extraño al que acaba de conocer. Un extraño que me había regalado sus besos. Un extraño que me hacía sentir segura entre sus brazos y temerosa en su mirada.
¡Oh! Qué noche...qué fiesta sorpresa..qué recuerdos..
¿Queréis una anécdota curiosa? Esa noche A no fue el único en besarme. Esa noche, una extraña me robó un beso sin darme cuenta. Aunque esa, ya es otra historia...
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Yo soy tu maestro
Seré sincera. La primera vez fue un recuerdo para borrar. La segunda fue un recuerdo inolvidable y divertido.
Era la noche de reyes. Salí de trabajar muy tarde. Pero él me estaba esperando. Le dije a mi madre que me iría directamente. Le recogimos en su calle. Estaba sentado en un portal. Llevaba un macuto enorme.
La dejamos a ella en Murcia, con él. Estate atenta al móvil. Cuando nos recojamos te llamo. Y emprendimos nuestro camino dirección.. Ibis.
Estaba nerviosa, ilusionada. Cuando llegamos me metí al baño, a ducharme. Aún recuerdo la ropa que me puse. Recuerdo abrir la puerta y estar todo a oscuras, tan sólo con la tenue luz de las velas. Recuerdo oír a los Red Hot, y recuerdo lo bonito que estaba todo.
Las horas siguientes se llenaron de cambios de postura, de movimientos torpes, de sonrisas, de besos, de caricias. Había comprado bebida, whisky, pero no teníamos vasos, ni hielo y no llegamos a abrir aquella botella.
Al principio de conocernos, hablaba mucho de música. De toda la que le gustaba. Me dijo que había un disco que no encontraba, el único que le faltaba. Así que lo busqué. Busqué en todas las tiendas, pregunté en todas partes hasta que apareció.
"Tengo algo para ti". No pensé que le fuese a hacer tanta ilusión, sin embargo, le encantó. "Nadie me ha tratado nunca así". Y todo empezó de nuevo.
Parecía que íbamos mejorando cuando de repente, levanté la cabeza y le pregunté: "¿No ves demasiada luz?" Levantó su cabeza, se incorporó y miró detrás de mí. "¡FUEGO!"
Las sábanas habían caído sobre las velas que estaban alrededor de la cama, justo debajo. Habían comenzado a arder, la moqueta se había prendido. Dio un salto y fue corriendo a por algo para apagar el fuego. No podía parar de reírme. Tal vez fue el ataque de pánico, tal vez fue el verle a él desnudo corriendo de un lado a otro manta en mano. Se molestó bastante en ese momento, aunque después comenzó a reír. Esa sí fue una escena inolvidable. Recuerdo mi cara y la suya al oír al recepcionista llamar a la puerta y decir que habían saltado los detectores de humo. Cómo pudimos reírnos.
Tiempo después, en el coche, decidí realizar una confesión. Y para ello, el estribillo de una canción: "Yo soy tu maestro, fui el segundo en tu vida, pero el primero en amarte".
No puedo culpar a D por aquella primera vez en el callejón. No le dije la verdad hasta ese momento. Juntos decidimos olvidarla y que nuestro pequeño incendio se convirtiera en la primera vez, pero lo cierto es que a día de hoy, aún me arrepiento...
Era la noche de reyes. Salí de trabajar muy tarde. Pero él me estaba esperando. Le dije a mi madre que me iría directamente. Le recogimos en su calle. Estaba sentado en un portal. Llevaba un macuto enorme.
La dejamos a ella en Murcia, con él. Estate atenta al móvil. Cuando nos recojamos te llamo. Y emprendimos nuestro camino dirección.. Ibis.
Estaba nerviosa, ilusionada. Cuando llegamos me metí al baño, a ducharme. Aún recuerdo la ropa que me puse. Recuerdo abrir la puerta y estar todo a oscuras, tan sólo con la tenue luz de las velas. Recuerdo oír a los Red Hot, y recuerdo lo bonito que estaba todo.
Las horas siguientes se llenaron de cambios de postura, de movimientos torpes, de sonrisas, de besos, de caricias. Había comprado bebida, whisky, pero no teníamos vasos, ni hielo y no llegamos a abrir aquella botella.
Al principio de conocernos, hablaba mucho de música. De toda la que le gustaba. Me dijo que había un disco que no encontraba, el único que le faltaba. Así que lo busqué. Busqué en todas las tiendas, pregunté en todas partes hasta que apareció.
"Tengo algo para ti". No pensé que le fuese a hacer tanta ilusión, sin embargo, le encantó. "Nadie me ha tratado nunca así". Y todo empezó de nuevo.
Parecía que íbamos mejorando cuando de repente, levanté la cabeza y le pregunté: "¿No ves demasiada luz?" Levantó su cabeza, se incorporó y miró detrás de mí. "¡FUEGO!"
Las sábanas habían caído sobre las velas que estaban alrededor de la cama, justo debajo. Habían comenzado a arder, la moqueta se había prendido. Dio un salto y fue corriendo a por algo para apagar el fuego. No podía parar de reírme. Tal vez fue el ataque de pánico, tal vez fue el verle a él desnudo corriendo de un lado a otro manta en mano. Se molestó bastante en ese momento, aunque después comenzó a reír. Esa sí fue una escena inolvidable. Recuerdo mi cara y la suya al oír al recepcionista llamar a la puerta y decir que habían saltado los detectores de humo. Cómo pudimos reírnos.
Tiempo después, en el coche, decidí realizar una confesión. Y para ello, el estribillo de una canción: "Yo soy tu maestro, fui el segundo en tu vida, pero el primero en amarte".
No puedo culpar a D por aquella primera vez en el callejón. No le dije la verdad hasta ese momento. Juntos decidimos olvidarla y que nuestro pequeño incendio se convirtiera en la primera vez, pero lo cierto es que a día de hoy, aún me arrepiento...
lunes, 2 de septiembre de 2013
Volvamos al pasado..
Sabéis, siempre he sido una niña. Siempre he soñado con el príncipe azul. Y sin embargo, a pesar de prometerme que esperaría a que llegase, me confundí.
Año nuevo. Frío. Alcohol.
La noche había pasado rápida. Todos habíamos bebido mucho. Para ser sincera, no les hice ningún caso. Estaba enganchada a sus labios. A sus manos. Estaba nerviosa. Sabía que ocurriría.
"Recuerda" me dijo, "Ibis o Campanille". Qué tonta fui... tal vez debería haberle escuchado. No pensé que jamás volvería a repetir aquella vez. Aquella primera vez. Él quiso que nos fuésemos, pedir un taxi y después volver. Pero yo...
Qué estúpida. No confiaba en él y sin embargo, le confié un lugar en mi memoria para siempre.
Allí, contra la ventana, en el callejón. Allí donde pasaban todos los camareros. Allí donde salían a tirar la basura. Allí la dejé. Allí abandoné mi dignidad. Allí gravé aquel recuerdo. Allí abandoné mi sueño. Allí mi entregué a él.
Ojalá hubiese escuchado sus palabras. Ojalá hubiese escuchado a mi cabeza de princesa.
Año nuevo. Frío. Alcohol.
La noche había pasado rápida. Todos habíamos bebido mucho. Para ser sincera, no les hice ningún caso. Estaba enganchada a sus labios. A sus manos. Estaba nerviosa. Sabía que ocurriría.
"Recuerda" me dijo, "Ibis o Campanille". Qué tonta fui... tal vez debería haberle escuchado. No pensé que jamás volvería a repetir aquella vez. Aquella primera vez. Él quiso que nos fuésemos, pedir un taxi y después volver. Pero yo...
Qué estúpida. No confiaba en él y sin embargo, le confié un lugar en mi memoria para siempre.
Allí, contra la ventana, en el callejón. Allí donde pasaban todos los camareros. Allí donde salían a tirar la basura. Allí la dejé. Allí abandoné mi dignidad. Allí gravé aquel recuerdo. Allí abandoné mi sueño. Allí mi entregué a él.
Ojalá hubiese escuchado sus palabras. Ojalá hubiese escuchado a mi cabeza de princesa.
martes, 27 de agosto de 2013
Gentleman
Cuando A se fue, me quedé extasiada. Naty reía sin parar diciéndome: ¡Es un Gentleman!
Yo por mi parte no paraba de sonreír y dar vueltas a lo que acababa de ocurrir.
Pasado un rato, movilizamos al grupo y decidimos coger camino hacia una conocida discoteca "Luminata". No recuerdo si pagamos la entrada o nos dejaron pasar gratis, pero recuerdo qué ocurrió al entrar.
Prácticamente la discoteca aún estaba vacía. Entramos y nos acoplamos a la izquierda, junto a una mesa donde pudimos dejar todo lo que llevábamos, que no era poco. Después, fui con las chicas al baño. Me arreglé el pelo, me pinté los labios y salimos a darlo todo en la pista de baile. Aunque eso sí, primero hicimos una parada para pedir un mojito.
Y ahí estaba yo, bailando con más ganas que nunca, riendo, y como de costumbre, observando a todos los que nos rodeaban. Entonces le vi.
Estaba sentado en una especie de barra. Le miré. Algo dentro de mí empezó a volverse loco. Y me acerqué a él. Me senté a su lado, mojito en mano: "Quiero saber de dónde viene esa chulería". No recuerdo qué más le dije, ni que me contestó él. Aunque si recuerdo que nos hicieron una foto, algo que me pareció muy raro, y que poco después me levanté y volví con el grupo. Pasado un rato, el Gentleman desapareció de mi vista.
Fue Naty de nuevo quien me preguntó por él. "Lo he perdido" le dije, no le veo. "Vamos a dar una vuelta". Me cogió de la mano y atravesamos la discoteca. No tardamos mucho en encontrarle. Ahí estaba, sentado en una escalera junto a la tarima. Serio, observando lo que le rodeaba. "Ahí está" y ella desapareció. Me acerqué a él, sonriendo. Nos miramos, dijimos algo y nos besamos. Pero este fue un beso distinto, intenso. Me despedí de él y me fui...
lunes, 26 de agosto de 2013
Y llegó A.
Era una noche de invierno cualquiera hasta que llegaron las 21. Me mandaron antes a casa en el trabajo. Vuestra tía Vick me llamó para que me fuese a Murcia de fiesta. Me entretuve un poco en arreglarme, recogí a Cristina y nos marchamos.
Quedamos en un bar, "El copas rotas". Mientras nos acercábamos, comencé a escuchar gritos. Al entrar... una canción y un ¡¡ Felicidades!!
Ahí estaban todos mis amigos reunidos por mi cumpleaños. La tía Vick me había organizado una fiesta sorpresa. Fue uno de los momentos más emocionantes que he vivido. No lloré, que conste, pero porque llevaba maquillaje y no quería acabar con la cara hecha una pena.
Después de saludarlos a todos llegó el momento de bailar, beber, abrir regalos y fumar. Lo estaba pasando de maravilla, pero el tabaco...¡ay! Salí fuera en busca de un cigarrillo, loca perdida y con mi cerveza en mano. Al salir me encontré a Naty, ya os hablaré de ella, charlando con dos chicos. Los paró para preguntarles la hora. Uno de ellos se apartó un poco y entabló conversación con Noe mientras el otro se quedaba con Naty. Sin tener muy claro el por qué, le pedí a ese que le diese un beso a Naty.
La verdad es que la respuesta del chico fue cuanto menos, sorprendente:
- Si me das diez euros se lo doy.
- Lo besos no se pagan, se dan gratis.
- Cinco euros y se lo doy.
- Te he dicho que los besos se regalan, no se piden.
- Un euro.
Cabezón cómo el sólo. Mientras, Naty se negaba a que nadie le diese un beso y yo intentaba venderla. ¿Sabéis que ocurrió al final?
- Gratis te lo daba a ti.
Un segundo después, ese chico me estaba besando. Su mano sujetaba suavemente mi nuca mientras me daba un beso dulce, tierno, delicado, inolvidable.
Mientras me besaba, apareció la tía Vick, como siempre quejándose, apartándome de aquel chico recién llegado. "Si te interesa le pides el teléfono y mañana la llamas para un café", esas fueron sus palabras. Después justifiqué su actitud, "es mi conciencia" dije. Ella se presentó, bromeó un poco y con la chulería que la caracteriza, acabó con aquella primera conversación.
Y eso fue lo que ocurrió, nos dimos los teléfonos y cada uno siguió su camino.
Quedamos en un bar, "El copas rotas". Mientras nos acercábamos, comencé a escuchar gritos. Al entrar... una canción y un ¡¡ Felicidades!!
Ahí estaban todos mis amigos reunidos por mi cumpleaños. La tía Vick me había organizado una fiesta sorpresa. Fue uno de los momentos más emocionantes que he vivido. No lloré, que conste, pero porque llevaba maquillaje y no quería acabar con la cara hecha una pena.
Después de saludarlos a todos llegó el momento de bailar, beber, abrir regalos y fumar. Lo estaba pasando de maravilla, pero el tabaco...¡ay! Salí fuera en busca de un cigarrillo, loca perdida y con mi cerveza en mano. Al salir me encontré a Naty, ya os hablaré de ella, charlando con dos chicos. Los paró para preguntarles la hora. Uno de ellos se apartó un poco y entabló conversación con Noe mientras el otro se quedaba con Naty. Sin tener muy claro el por qué, le pedí a ese que le diese un beso a Naty.
La verdad es que la respuesta del chico fue cuanto menos, sorprendente:
- Si me das diez euros se lo doy.
- Lo besos no se pagan, se dan gratis.
- Cinco euros y se lo doy.
- Te he dicho que los besos se regalan, no se piden.
- Un euro.
Cabezón cómo el sólo. Mientras, Naty se negaba a que nadie le diese un beso y yo intentaba venderla. ¿Sabéis que ocurrió al final?
- Gratis te lo daba a ti.
Un segundo después, ese chico me estaba besando. Su mano sujetaba suavemente mi nuca mientras me daba un beso dulce, tierno, delicado, inolvidable.
Mientras me besaba, apareció la tía Vick, como siempre quejándose, apartándome de aquel chico recién llegado. "Si te interesa le pides el teléfono y mañana la llamas para un café", esas fueron sus palabras. Después justifiqué su actitud, "es mi conciencia" dije. Ella se presentó, bromeó un poco y con la chulería que la caracteriza, acabó con aquella primera conversación.
Y eso fue lo que ocurrió, nos dimos los teléfonos y cada uno siguió su camino.
jueves, 8 de agosto de 2013
D. Días de octubre.
Como no podía ser menos, la historia continuó.
Después de aquel encuentro, lo reconozco, fui incapaz de resistirme a llamarle. Debía confesar que algo había cambiado y fue justo lo que hice. Le confesé a D que al verle, se había detenido el tiempo, que me habían temblado las piernas, que no le esperaba y que después de aquello necesitaba volver a verle.
No puedo explicaros el por qué, porque no tiene explicación. Tan sólo hay una frase con la que resumir aquellos momentos, "En las cosas del corazón, no manda la razón".
Y así, sin más, volvimos a salir.
En concreto, recuerdo una tarde en la que el cielo ya anunciaba que aquella historia sería lo que iba a ser.
Habíamos quedado en el centro. Yo estaba en el dentista con mi hermana. Cuando terminamos, fuimos juntos al Kenedy, un bar murciano con bastante encanto. Sería estúpido contar de qué hablamos porque no lo recuerdo, aunque creo que intentó explicarme por primera vez lo que era un "fuera de juego" en fútbol. Digo por primera vez, porque a día de hoy, y después de varios intentos, aún no lo he entendido.
La tarde transcurrió con normalidad y llegó el momento de pagar. Como D estaba por la labor de parecer un "caballero", invitó él. Lo curioso de la invitación fue que la criatura quiso pagar todo en monedas de 2, 5, y 10 céntimos. Imaginar el jaleo de monedas que eran. Serían al menos 5 euros en chatarra. Pues bien, viene el camarero, se lleva todas las monedas alucinado y nos quedamos ahí un rato más esperando que V saliese del baño.
Cuando estábamos recogiendo todo para irnos, se acerca el mismo camarero muy dispuesto : "Perdona, me faltan cuarenta céntimos".
Sí. ¿Imagináis su cara? Yo aún me muero de la risa cada vez que la recuerdo. Menudo apuro, pobre chico.
Pues por si fuera poco, cuando salimos a la calle estaba diluviando. Caía tanta agua, que era imposible ver las farolas. Él venía en moto así que tenía que llevarlo a casa porque no había posibilidad de que se fuese con aquel aguacero.
Al mismo tiempo, mi madre no paraba de llamarme para ver dónde estaba. No sabía llegar a dónde él vivía y valiente de mí, me inventé el camino. Estoy segura de que en ese momento se dio cuenta de que cuando me agobio no tengo "muchas luces".
Le dejé a la entrada de su calle, un poco lejos de su casa, y salí corriendo.
Quién me iba a decir a mí por aquel entonces, que haría tantas veces aquel camino y que las monedas y el aguacero eran un preludio de lo que vendría después...
domingo, 4 de agosto de 2013
Y entonces P...
P llegó una calurosa noche de Julio. Aquel verano las salidas nocturnas eran habituales, aunque nunca sabíamos cuál sería el final.
Ese día salimos a cenar. Buena comida y buen vino. Muchas risas y después como siempre, alcohol.
Nos juntamos un buen grupo. Aunque nosotras, siempre solas entre todos ellos. Subimos a la terraza. Más vino...aquel verano el vino era como los tejanos, un básico.
La noche avanzó y acabamos en una conocida discoteca de Murcia. Casi vacía, un grupo de chicos llamó mi atención. Uno de ellos en concreto. Aún recuerdo su camisa a rayas, su pelo moreno, su pose seria vaso en mano.
Bailamos un rato y después me acerqué a ella y le dije "me gusta ese chico". Y T, ni corta ni perezosa, me cogió, y nos acercamos a la barra justo al lado de ellos con intención no de beber, sino de hablar. Resultaba que conocía a un par de esos chicos y comenzó a hablar con ellos. Mientras, pedí dos chupitos de tequila a los que, por sorpresa, invitó la camarera.
¿Y ésto qué tiene que ver? Voy a ello...
T se gira, vaso en mano, y queriendo o sin querer, no sé aún muy bien cómo, tira su tequila sobre aquel moreno que tanto me había gustado. Y así, sin más, nos disculpamos y comenzamos a hablar con los chicos. No recuerdo qué le dije, pero recuerdo que en cuestión de un minuto, estábamos solos. La conversación no duró mucho. De nuevo a la barra, y de nuevo otro chupito. Ésta vez los pidió él, y para más sorpresa aún, la camarera sí se los cobró. Brindamos, bebemos y un instante después, nos besamos.
,
La gente fue desapareciendo. Mis amigos se esfumaron, los suyos también, pero no nos dimos cuenta. No, hasta que los besos llevaron a las manos, y no había dónde esconderse. No hasta que decidimos salir a la calle.
Aún era de noche. Éramos dos desconocidos que se abrazaban mientras caminaban por una ciudad a esas horas desierta.
Dirección al coche, hablamos de tonterías en un intento de conocernos un poco. Parecía casi una obligación por habernos dejado llevar. Al llegar, las palabras desaparecieron, volvieron los besos, las caricias, nuestras manos no tenían freno. Fue la luz del sol quien nos detuvo. Después, un móvil y una despedida. No había promesas de un "te llamaré". Parecía ser una de esas noches fugaces que no acaban en nada pero...
La verdad es que ahí comenzó una breve historia que solo puede definirse con una palabra, Pasión.
Ese día salimos a cenar. Buena comida y buen vino. Muchas risas y después como siempre, alcohol.
Nos juntamos un buen grupo. Aunque nosotras, siempre solas entre todos ellos. Subimos a la terraza. Más vino...aquel verano el vino era como los tejanos, un básico.
La noche avanzó y acabamos en una conocida discoteca de Murcia. Casi vacía, un grupo de chicos llamó mi atención. Uno de ellos en concreto. Aún recuerdo su camisa a rayas, su pelo moreno, su pose seria vaso en mano.
Bailamos un rato y después me acerqué a ella y le dije "me gusta ese chico". Y T, ni corta ni perezosa, me cogió, y nos acercamos a la barra justo al lado de ellos con intención no de beber, sino de hablar. Resultaba que conocía a un par de esos chicos y comenzó a hablar con ellos. Mientras, pedí dos chupitos de tequila a los que, por sorpresa, invitó la camarera.
¿Y ésto qué tiene que ver? Voy a ello...
T se gira, vaso en mano, y queriendo o sin querer, no sé aún muy bien cómo, tira su tequila sobre aquel moreno que tanto me había gustado. Y así, sin más, nos disculpamos y comenzamos a hablar con los chicos. No recuerdo qué le dije, pero recuerdo que en cuestión de un minuto, estábamos solos. La conversación no duró mucho. De nuevo a la barra, y de nuevo otro chupito. Ésta vez los pidió él, y para más sorpresa aún, la camarera sí se los cobró. Brindamos, bebemos y un instante después, nos besamos.
,
La gente fue desapareciendo. Mis amigos se esfumaron, los suyos también, pero no nos dimos cuenta. No, hasta que los besos llevaron a las manos, y no había dónde esconderse. No hasta que decidimos salir a la calle.
Aún era de noche. Éramos dos desconocidos que se abrazaban mientras caminaban por una ciudad a esas horas desierta.
Dirección al coche, hablamos de tonterías en un intento de conocernos un poco. Parecía casi una obligación por habernos dejado llevar. Al llegar, las palabras desaparecieron, volvieron los besos, las caricias, nuestras manos no tenían freno. Fue la luz del sol quien nos detuvo. Después, un móvil y una despedida. No había promesas de un "te llamaré". Parecía ser una de esas noches fugaces que no acaban en nada pero...
La verdad es que ahí comenzó una breve historia que solo puede definirse con una palabra, Pasión.
jueves, 1 de agosto de 2013
D 2. Un mal comienzo.
Tengo que seguir por aquí, aún queda mucho, muchísimo que contar...
Si había algo que caracterizaba a D desde el principio eran sus detalles. Los primeros eran mensajes. Mensajes que llegaban a todas horas del día. Canciones, poesías, o simplemente palabras de amor.
Aparecía continuamente por la tienda, dándome conversación o simplemente saludándome. El problema con el que D se topaba era que yo jamás había salido con nadie. Que los hombres que se habían cruzado en mi vida nunca me habían "hecho caso", y me resultaba resultaba difícil creer en su actitud. Y principalmente, contaba con el problema de no ser el único en mi cabeza, sino el recién llegado.
De hecho, llegados a este punto, debo decir que si por algo me he caracterizado siempre ha sido por creer en el amor, y cuando le conocí, creía estar enamorada de otras personas. Además, D tenía otro pequeño fallo, era menor que yo. Y aunque pueda parecer absurdo, siempre fue una piedra importante en el camino.
Aún recuerdo el día que me confesó la edad que tenía, un poco antes de su cumpleaños. Cuando le oí, todas las dudas que ya me invadían se me echaron encima. Esa misma semana convoqué al "consejo de sabias" y les expliqué lo que pasaba. Les conté, que no tenía claro que quisiera seguir con él y que no sabía qué hacer. La respuesta fue clara, "haz lo que quieras, pero no le hagas daño, y no te lo hagas a ti. No puedes utilizarlo para sacar otros clavos".
D me llamaba cada noche. Nunca se cansaba. Pero aquel día, la conversación no fue lo que él esperaba. Le mandé un mensaje con la típica frase "tenemos que hablar" y sus mensajes comenzaron a llegar como olas de un mar revuelto.
Intenté explicarle lo que pasaba, que no lo tenía claro, que no quería hacerle daño, que éramos muy diferentes, que sería difícil... Aún recuerdo su respuesta, "eres lo mejor que me ha pasado nunca y no quiero que me dejes. Pero si es lo que quieres, vale". Me despedí de él entre lágrimas y colgué.
28 de noviembre. Hacía frío, era un día húmedo. Salía temprano de trabajar y no pude evitarlo. Por alguna razón extraña quería hacerle un regalo. Tal vez porque sólo hacía un par semanas desde que le había dejado y me dolía hacerle daño. Sabía que no debía verle. Mi sabia R me advirtió que no lo hiciese. Y que si lo hacía, no me dejase llevar. Pero...
Le recogí en su casa y nos fuimos a un bar cercano. Nada especial. Hablamos de tonterías. Después me preguntó qué había pasado. Le expliqué lo mucho que lo sentía, me justifiqué, y después él me miró. Me miró con aquellos ojos verdes que me desarmaban. Se acercó y le besé. Fui incapaz de resistirme. Después se sintió confuso, tanto como yo. No sabía por qué lo había hecho.
Llegó la hora de irme. Le llevé a casa, y cuando se bajaba del coche, la saqué de la guantera. Había impreso una de las fotos que nos habíamos hecho durante esas semanas y había escrito en ella, "no voy a olvidarte". Y así, con un beso de despedida quedó la historia.
D no abandonó. Siguió mandando mensajes. Y con cada uno sentía que le añoraba. Entonces ocurrió algo...
Salía a tomar café con una compañera. Íbamos hablando alegremente cuando al girar la cabeza le vi. Subía por las escaleras mecánicas. Iba acompañado. Nuestras miradas se cruzaron, mi estómago se hizo un nudo, y mi corazón se aceleró. Por un momento el tiempo se detuvo. Fue una sensación indescriptible, y por mucho que intente explicarlo jamás podré hacer entender qué sentí en aquel instante. Lo que si puedo explicar, es que ese algo lo cambió todo para siempre.
Si había algo que caracterizaba a D desde el principio eran sus detalles. Los primeros eran mensajes. Mensajes que llegaban a todas horas del día. Canciones, poesías, o simplemente palabras de amor.
Aparecía continuamente por la tienda, dándome conversación o simplemente saludándome. El problema con el que D se topaba era que yo jamás había salido con nadie. Que los hombres que se habían cruzado en mi vida nunca me habían "hecho caso", y me resultaba resultaba difícil creer en su actitud. Y principalmente, contaba con el problema de no ser el único en mi cabeza, sino el recién llegado.
De hecho, llegados a este punto, debo decir que si por algo me he caracterizado siempre ha sido por creer en el amor, y cuando le conocí, creía estar enamorada de otras personas. Además, D tenía otro pequeño fallo, era menor que yo. Y aunque pueda parecer absurdo, siempre fue una piedra importante en el camino.
Aún recuerdo el día que me confesó la edad que tenía, un poco antes de su cumpleaños. Cuando le oí, todas las dudas que ya me invadían se me echaron encima. Esa misma semana convoqué al "consejo de sabias" y les expliqué lo que pasaba. Les conté, que no tenía claro que quisiera seguir con él y que no sabía qué hacer. La respuesta fue clara, "haz lo que quieras, pero no le hagas daño, y no te lo hagas a ti. No puedes utilizarlo para sacar otros clavos".
D me llamaba cada noche. Nunca se cansaba. Pero aquel día, la conversación no fue lo que él esperaba. Le mandé un mensaje con la típica frase "tenemos que hablar" y sus mensajes comenzaron a llegar como olas de un mar revuelto.
Intenté explicarle lo que pasaba, que no lo tenía claro, que no quería hacerle daño, que éramos muy diferentes, que sería difícil... Aún recuerdo su respuesta, "eres lo mejor que me ha pasado nunca y no quiero que me dejes. Pero si es lo que quieres, vale". Me despedí de él entre lágrimas y colgué.
28 de noviembre. Hacía frío, era un día húmedo. Salía temprano de trabajar y no pude evitarlo. Por alguna razón extraña quería hacerle un regalo. Tal vez porque sólo hacía un par semanas desde que le había dejado y me dolía hacerle daño. Sabía que no debía verle. Mi sabia R me advirtió que no lo hiciese. Y que si lo hacía, no me dejase llevar. Pero...
Le recogí en su casa y nos fuimos a un bar cercano. Nada especial. Hablamos de tonterías. Después me preguntó qué había pasado. Le expliqué lo mucho que lo sentía, me justifiqué, y después él me miró. Me miró con aquellos ojos verdes que me desarmaban. Se acercó y le besé. Fui incapaz de resistirme. Después se sintió confuso, tanto como yo. No sabía por qué lo había hecho.
Llegó la hora de irme. Le llevé a casa, y cuando se bajaba del coche, la saqué de la guantera. Había impreso una de las fotos que nos habíamos hecho durante esas semanas y había escrito en ella, "no voy a olvidarte". Y así, con un beso de despedida quedó la historia.
D no abandonó. Siguió mandando mensajes. Y con cada uno sentía que le añoraba. Entonces ocurrió algo...
Salía a tomar café con una compañera. Íbamos hablando alegremente cuando al girar la cabeza le vi. Subía por las escaleras mecánicas. Iba acompañado. Nuestras miradas se cruzaron, mi estómago se hizo un nudo, y mi corazón se aceleró. Por un momento el tiempo se detuvo. Fue una sensación indescriptible, y por mucho que intente explicarlo jamás podré hacer entender qué sentí en aquel instante. Lo que si puedo explicar, es que ese algo lo cambió todo para siempre.
jueves, 25 de julio de 2013
D 1
Me vais a perdonar que no lleve un orden temporal. Os contaré todo sobre ellos, os diré cómo aparecieron unos y otros y como fueron ocupando sus sitios.
Por razones que aún desconozco, D se está apareciendo en mis sueños así que he decidido empezar por él a ver si así dejan de venirme a la memoria sus recuerdos. Sin lugar a dudas, ésta es la más larga de todas las historias...
Dicen que todo pasa siempre por alguna razón. Yo lo llamo "ley matemática del destino". Esta ley rige que cada acto tiene una consecuencia. Consecuencia que no sólo repercute en nosotros, sino en todos aquellos que nos rodean. Y es que un segundo, en un lugar, en un año y con una persona, puede cambiar por completo el rumbo de tu vida. En ocasiones llamamos a ese segundo casualidad...
Casi por casualidad, empecé a trabajar en Adolfo Domínguez. Casi por casualidad, la hermana de una de mis compañeras necesitaba una dependienta en Promod. Casi por casualidad mi compañera dejó A.D. y se fue a Promod. Y casi por casualidad, acabamos trabajamos juntas codo con codo. Aquella mujer, por algún extraño motivo, me consideraba "especial".
Esa "especialidad" me llevó a formar parte de su vida hasta el punto, de que conociéndome tan sólo unos meses, me invitó a la boda de su hermana, aquella que me había necesitado en Promod. Llegar a la boda fue una odisea. Trabajé esa tarde, cerré la tienda, me arreglé en el almacén, y me llevaron ya que aún no tenía coche propio. Cuando llegué, todos habían terminado de cenar, aunque a mí me habían preparado un menú especial que incluía mucho vino.
La boda fue algo normal. Jefes del trabajo, compañeras y extraños. Sinceramente, no me fijé en D. No supe ni dónde estaba. Sin embargo, sí recuerdo que alguien me hizo una foto con mis compañeras y casualidad... ese alguien sí era él.
Nos trasladaron del restaurante a una conocida discoteca de murcia en bus, y ahí fue dónde comenzó todo. Yo iba pendiente de mi teléfono móvil, hablando con J,J. cuando mi compañera se cambió de asiento y él se sentó a mi lado. No recuerdo cuáles fueron sus primeras palabras, pero sí recuerdo que empezó a preguntarme de todo. Qué hacía, de qué conocía a mis compañeras, quién era la persona con la que tanto hablaba. Y sin entender muy bien lo que ocurría, D ya no se despegó de mí en toda la noche. Tan atento estaba, que la primera foto que nos hicieron juntos parecía que nos conociésemos de toda la vida. Parecíamos una pareja.
La noche se esfumó y cuando me vine a dar cuenta, me estaban recogiendo. "Pues no lo he pasado tan mal" iba pensando yo. Y justo cuando estaba a punto de meterme en la cama, veo que recibo un sms. Era él de nuevo. Había pedido mi teléfono a mi compañera cuando me fui y me explicaba quien era y que le gustaría volver a verme. Ese fue el principio de una historia que daría mil y una vueltas.
D no perdió el tiempo. Desde ese momento comenzó a bombardearme con mensajes a diario. No eran agobiantes, tan sólo me preguntaba cómo estaba y me contaba las cosas que hacía. Y llegó el día en que decidió quedar conmigo. Lo más normal del mundo ¿no?
Pues no lo fue. La primera vez que quedamos no fue solos. Yo salí con mis amigas y él con un amigo. Lo pasamos muy bien, de un bar a otro, charlando, bebiendo. Y cuando mis amigas decidieron ir a bailar, llegó el momento de la despedida. Las chicas se apartaron, nos dejaron solos, ¿y qué hizo D? me besó en la comisura de los labios, sin llegar a darme un beso pero sin dejar de hacerlo. Y ese detalle me encantó. ¿Sabéis qué hizo después? pues otra vez lo mismo. Me mandó un sms diciéndome que le habría gustado pasar más tiempo conmigo y me invitó a salir de nuevo.
Me sentía extraña y feliz al mismo tiempo. Era la primera vez que un chico tenía ese interés por mí. Me ponía de los nervios pensar en verle a solas, y por otra parte, era incapaz de negarme a hacerlo. Y lo hice, quedé con él.
No olvidaré nunca que le dije a mi madre que me iba a la biblioteca y que ni tan siquiera pisé los portales. Quedamos en la puerta de un bar. Justo enfrente había unas escaleras. Cuando llegué estaba ahí sentado, mirándome. Recuerdo que llevaba una caja de Smint de fresa en la mano. Volvió a darme los mismos dos besos que cuando nos despedimos y me preguntó dónde quería ir.
Nunca he sido capaz de elegir. Pero sin embargo ese día, si decidí el sitio. Llevaba tiempo queriendo entrar y fue con él con quien lo pisé por primera vez. La tarde se pasó volando. Recuerdo que él no paraba de hablar, y yo no paraba de reír. Nos mirábamos, pero no llegamos a tocarnos.
Realmente lo pasé muy bien. Entonces llegó el momento de la despedida. Me acompañó al coche, que lo había dejado en un parking, y ahí, en la entrada, cuando ya nos íbamos sin decir nada, me cogió y me besó. Y ahí, en ese instante, consecuencia de aquellas casualidades, comenzó la historia más intensa y dolorosa que he vivido jamás...
Por razones que aún desconozco, D se está apareciendo en mis sueños así que he decidido empezar por él a ver si así dejan de venirme a la memoria sus recuerdos. Sin lugar a dudas, ésta es la más larga de todas las historias...
Dicen que todo pasa siempre por alguna razón. Yo lo llamo "ley matemática del destino". Esta ley rige que cada acto tiene una consecuencia. Consecuencia que no sólo repercute en nosotros, sino en todos aquellos que nos rodean. Y es que un segundo, en un lugar, en un año y con una persona, puede cambiar por completo el rumbo de tu vida. En ocasiones llamamos a ese segundo casualidad...
Casi por casualidad, empecé a trabajar en Adolfo Domínguez. Casi por casualidad, la hermana de una de mis compañeras necesitaba una dependienta en Promod. Casi por casualidad mi compañera dejó A.D. y se fue a Promod. Y casi por casualidad, acabamos trabajamos juntas codo con codo. Aquella mujer, por algún extraño motivo, me consideraba "especial".
Esa "especialidad" me llevó a formar parte de su vida hasta el punto, de que conociéndome tan sólo unos meses, me invitó a la boda de su hermana, aquella que me había necesitado en Promod. Llegar a la boda fue una odisea. Trabajé esa tarde, cerré la tienda, me arreglé en el almacén, y me llevaron ya que aún no tenía coche propio. Cuando llegué, todos habían terminado de cenar, aunque a mí me habían preparado un menú especial que incluía mucho vino.
La boda fue algo normal. Jefes del trabajo, compañeras y extraños. Sinceramente, no me fijé en D. No supe ni dónde estaba. Sin embargo, sí recuerdo que alguien me hizo una foto con mis compañeras y casualidad... ese alguien sí era él.
Nos trasladaron del restaurante a una conocida discoteca de murcia en bus, y ahí fue dónde comenzó todo. Yo iba pendiente de mi teléfono móvil, hablando con J,J. cuando mi compañera se cambió de asiento y él se sentó a mi lado. No recuerdo cuáles fueron sus primeras palabras, pero sí recuerdo que empezó a preguntarme de todo. Qué hacía, de qué conocía a mis compañeras, quién era la persona con la que tanto hablaba. Y sin entender muy bien lo que ocurría, D ya no se despegó de mí en toda la noche. Tan atento estaba, que la primera foto que nos hicieron juntos parecía que nos conociésemos de toda la vida. Parecíamos una pareja.
La noche se esfumó y cuando me vine a dar cuenta, me estaban recogiendo. "Pues no lo he pasado tan mal" iba pensando yo. Y justo cuando estaba a punto de meterme en la cama, veo que recibo un sms. Era él de nuevo. Había pedido mi teléfono a mi compañera cuando me fui y me explicaba quien era y que le gustaría volver a verme. Ese fue el principio de una historia que daría mil y una vueltas.
D no perdió el tiempo. Desde ese momento comenzó a bombardearme con mensajes a diario. No eran agobiantes, tan sólo me preguntaba cómo estaba y me contaba las cosas que hacía. Y llegó el día en que decidió quedar conmigo. Lo más normal del mundo ¿no?
Pues no lo fue. La primera vez que quedamos no fue solos. Yo salí con mis amigas y él con un amigo. Lo pasamos muy bien, de un bar a otro, charlando, bebiendo. Y cuando mis amigas decidieron ir a bailar, llegó el momento de la despedida. Las chicas se apartaron, nos dejaron solos, ¿y qué hizo D? me besó en la comisura de los labios, sin llegar a darme un beso pero sin dejar de hacerlo. Y ese detalle me encantó. ¿Sabéis qué hizo después? pues otra vez lo mismo. Me mandó un sms diciéndome que le habría gustado pasar más tiempo conmigo y me invitó a salir de nuevo.
Me sentía extraña y feliz al mismo tiempo. Era la primera vez que un chico tenía ese interés por mí. Me ponía de los nervios pensar en verle a solas, y por otra parte, era incapaz de negarme a hacerlo. Y lo hice, quedé con él.
No olvidaré nunca que le dije a mi madre que me iba a la biblioteca y que ni tan siquiera pisé los portales. Quedamos en la puerta de un bar. Justo enfrente había unas escaleras. Cuando llegué estaba ahí sentado, mirándome. Recuerdo que llevaba una caja de Smint de fresa en la mano. Volvió a darme los mismos dos besos que cuando nos despedimos y me preguntó dónde quería ir.
Nunca he sido capaz de elegir. Pero sin embargo ese día, si decidí el sitio. Llevaba tiempo queriendo entrar y fue con él con quien lo pisé por primera vez. La tarde se pasó volando. Recuerdo que él no paraba de hablar, y yo no paraba de reír. Nos mirábamos, pero no llegamos a tocarnos.
Realmente lo pasé muy bien. Entonces llegó el momento de la despedida. Me acompañó al coche, que lo había dejado en un parking, y ahí, en la entrada, cuando ya nos íbamos sin decir nada, me cogió y me besó. Y ahí, en ese instante, consecuencia de aquellas casualidades, comenzó la historia más intensa y dolorosa que he vivido jamás...
lunes, 22 de julio de 2013
Por alguna parte hay que empezar.
Historias de hombres.
En realidad debería haber titulado el blog "Mis historias con los hombres". Puede parecer estúpido, absurdo, extraño, pero son tantas las cosas que me han pasado con estos seres de la naturaleza que me apetece contarlas.
Hay personas que las conocen todas, y aún así, todavía se sorprenden cuando alguna historia da un giro inesperado. Quien sabe, tal vez escribirlas las estabilice y deje de sorprenderme.
Me va a costar un poquito, ya que tengo que hacer un gran ejercicio de memoria, pero como muchas de las historias están bien grabadas, creo que podré rememorarlas con bastante facilidad.
Para empezar, os daré un adelanto chiquito. Voy a copiarme de un autor que conozco, y omitiré los nombres. Os dejo eso sí, con las iniciales y los títulos que los definen:
F- ¿Y hoy?
J- ¡la quiero!
MA- Nunca lo sabréis.
E- ¿Una foto?
Jn- ¿Hola está..?
JJ- Yo, Yo mismo y la Flexis
D- Siempre volveré a buscarte
Dd- ¿Me llevas?
M- No es justo.
Dv- ¿Para cuándo esa peli?
JS- Es como la rama de un árbol..
Pb- Pero si esta tía me gusta.
P- Tengo que irme
Jv- Hi!
A- Are you gonna be my girl
Hasta mañana!
En realidad debería haber titulado el blog "Mis historias con los hombres". Puede parecer estúpido, absurdo, extraño, pero son tantas las cosas que me han pasado con estos seres de la naturaleza que me apetece contarlas.
Hay personas que las conocen todas, y aún así, todavía se sorprenden cuando alguna historia da un giro inesperado. Quien sabe, tal vez escribirlas las estabilice y deje de sorprenderme.
Me va a costar un poquito, ya que tengo que hacer un gran ejercicio de memoria, pero como muchas de las historias están bien grabadas, creo que podré rememorarlas con bastante facilidad.
Para empezar, os daré un adelanto chiquito. Voy a copiarme de un autor que conozco, y omitiré los nombres. Os dejo eso sí, con las iniciales y los títulos que los definen:
F- ¿Y hoy?
J- ¡la quiero!
MA- Nunca lo sabréis.
E- ¿Una foto?
Jn- ¿Hola está..?
JJ- Yo, Yo mismo y la Flexis
D- Siempre volveré a buscarte
Dd- ¿Me llevas?
M- No es justo.
Dv- ¿Para cuándo esa peli?
JS- Es como la rama de un árbol..
Pb- Pero si esta tía me gusta.
P- Tengo que irme
Jv- Hi!
A- Are you gonna be my girl
Hasta mañana!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
