Sabéis, siempre he sido una niña. Siempre he soñado con el príncipe azul. Y sin embargo, a pesar de prometerme que esperaría a que llegase, me confundí.
Año nuevo. Frío. Alcohol.
La noche había pasado rápida. Todos habíamos bebido mucho. Para ser sincera, no les hice ningún caso. Estaba enganchada a sus labios. A sus manos. Estaba nerviosa. Sabía que ocurriría.
"Recuerda" me dijo, "Ibis o Campanille". Qué tonta fui... tal vez debería haberle escuchado. No pensé que jamás volvería a repetir aquella vez. Aquella primera vez. Él quiso que nos fuésemos, pedir un taxi y después volver. Pero yo...
Qué estúpida. No confiaba en él y sin embargo, le confié un lugar en mi memoria para siempre.
Allí, contra la ventana, en el callejón. Allí donde pasaban todos los camareros. Allí donde salían a tirar la basura. Allí la dejé. Allí abandoné mi dignidad. Allí gravé aquel recuerdo. Allí abandoné mi sueño. Allí mi entregué a él.
Ojalá hubiese escuchado sus palabras. Ojalá hubiese escuchado a mi cabeza de princesa.
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