jueves, 25 de julio de 2013

D 1

Me vais a perdonar que no lleve un orden temporal. Os contaré todo sobre ellos, os diré cómo aparecieron unos y otros y como fueron ocupando sus sitios.

Por razones que aún desconozco, D se está apareciendo en mis sueños así que he decidido empezar por él a ver si así dejan de venirme a la memoria sus recuerdos. Sin lugar a dudas, ésta es la más larga de todas las historias...

Dicen que todo pasa siempre por alguna razón. Yo lo llamo "ley matemática del destino". Esta ley rige que cada acto tiene una consecuencia. Consecuencia que no sólo repercute en nosotros, sino en todos aquellos que nos rodean. Y es que un segundo, en un lugar, en un año y con una persona, puede cambiar por completo el rumbo de tu vida. En ocasiones llamamos a ese segundo casualidad...

Casi por casualidad, empecé a trabajar en Adolfo Domínguez. Casi por casualidad, la hermana de una de mis compañeras necesitaba una dependienta en Promod. Casi por casualidad mi compañera dejó A.D. y se fue a Promod. Y casi por casualidad, acabamos trabajamos juntas codo con codo. Aquella mujer, por algún extraño motivo, me consideraba "especial".

Esa "especialidad" me llevó a formar parte de su vida hasta el punto, de que conociéndome tan sólo unos meses, me invitó a la boda de su hermana, aquella que me había necesitado en Promod. Llegar a la boda fue una odisea. Trabajé esa tarde, cerré la tienda, me arreglé en el almacén, y me llevaron ya que aún no tenía coche propio. Cuando llegué, todos habían terminado de cenar, aunque a mí me habían preparado un menú especial que incluía mucho vino.

La boda fue algo normal. Jefes del trabajo, compañeras y extraños. Sinceramente, no me fijé en D. No supe ni dónde estaba. Sin embargo, sí recuerdo que alguien me hizo una foto con mis compañeras y casualidad... ese alguien sí era él.

Nos trasladaron del restaurante a una conocida discoteca de murcia en bus, y ahí fue dónde comenzó todo. Yo iba pendiente de mi teléfono móvil, hablando con J,J. cuando mi compañera se cambió de asiento y él se sentó a mi lado. No recuerdo cuáles fueron sus primeras palabras, pero sí recuerdo que empezó a preguntarme de todo. Qué hacía, de qué conocía a mis compañeras, quién era la persona con la que tanto hablaba. Y sin entender muy bien lo que ocurría, D ya no se despegó de mí en toda la noche. Tan atento estaba, que la primera foto que nos hicieron juntos parecía que nos conociésemos de toda la vida. Parecíamos una pareja.

La noche se esfumó y cuando me vine a dar cuenta, me estaban recogiendo. "Pues no lo he pasado tan mal" iba pensando yo. Y justo cuando estaba a punto de meterme en la cama, veo que recibo un sms. Era él de nuevo. Había pedido mi teléfono a mi compañera cuando me fui y me explicaba quien era y que le gustaría volver a verme. Ese fue el principio de una historia que daría mil y una vueltas.

D no perdió el tiempo. Desde ese momento comenzó a bombardearme con mensajes a diario. No eran agobiantes, tan sólo me preguntaba cómo estaba y me contaba las cosas que hacía. Y llegó el día en que decidió quedar conmigo. Lo más normal del mundo ¿no?

Pues no lo fue. La primera vez que quedamos no fue solos. Yo salí con mis amigas y él con un amigo. Lo pasamos muy bien, de un bar a otro, charlando, bebiendo. Y cuando mis amigas decidieron ir a bailar, llegó el momento de la despedida. Las chicas se apartaron, nos dejaron solos, ¿y qué hizo D? me besó en la comisura de los labios, sin llegar a darme un beso pero sin dejar de hacerlo. Y ese detalle me encantó. ¿Sabéis qué hizo después? pues otra vez lo mismo. Me mandó un sms diciéndome que le habría gustado pasar más tiempo conmigo y me invitó a salir de nuevo.

Me sentía extraña y feliz al mismo tiempo. Era la primera vez que un chico tenía ese interés por mí. Me ponía de los nervios pensar en verle a solas, y por otra parte, era incapaz de negarme a hacerlo. Y lo hice, quedé con él.

No olvidaré  nunca que le dije a mi madre que me iba a la biblioteca y que ni tan siquiera pisé los portales. Quedamos en la puerta de un bar. Justo enfrente había unas escaleras. Cuando llegué estaba ahí sentado, mirándome. Recuerdo que llevaba una caja de Smint de fresa en la mano. Volvió a darme los mismos dos besos que cuando nos despedimos y me preguntó dónde quería ir.

Nunca he sido capaz de elegir. Pero sin embargo ese día, si decidí el sitio. Llevaba tiempo queriendo entrar y fue con él con quien lo pisé por primera vez. La tarde se pasó volando. Recuerdo que él no paraba de hablar, y yo no paraba de reír. Nos mirábamos, pero no llegamos a tocarnos.

Realmente lo pasé muy bien. Entonces llegó el momento de la despedida. Me acompañó al coche, que lo había dejado en un parking, y ahí, en la entrada, cuando ya nos íbamos sin decir nada, me cogió y me besó. Y ahí, en ese instante, consecuencia de aquellas casualidades, comenzó la historia más intensa y dolorosa que he vivido jamás...






lunes, 22 de julio de 2013

Por alguna parte hay que empezar.

Historias de hombres.

En realidad debería haber titulado el blog "Mis historias con los hombres". Puede parecer estúpido, absurdo, extraño, pero son tantas las cosas que me han pasado con estos seres de la naturaleza que me apetece contarlas.

Hay personas que las conocen todas, y aún así, todavía se sorprenden cuando alguna historia da un giro inesperado. Quien sabe, tal vez escribirlas las estabilice y deje de sorprenderme.

Me va a costar un poquito, ya que tengo que hacer un gran ejercicio de memoria, pero como muchas de las historias están bien grabadas, creo que podré rememorarlas con bastante facilidad.

Para empezar, os daré un adelanto chiquito. Voy a copiarme de un autor que conozco, y omitiré los nombres. Os dejo eso sí, con las iniciales y los títulos que los definen:

F- ¿Y hoy?
J- ¡la quiero!
MA- Nunca lo sabréis.
E- ¿Una foto?
Jn- ¿Hola está..?
JJ- Yo, Yo mismo y la Flexis
D- Siempre volveré a buscarte
Dd- ¿Me llevas?
M- No es justo.
Dv- ¿Para cuándo esa peli?
JS- Es como la rama de un árbol..
Pb- Pero si esta tía me gusta.
P- Tengo que irme
Jv- Hi!
A- Are you gonna be my girl

Hasta mañana!